Thursday, July 31, 2014

Sueños de una vejez hermosa

Soñando (Arte digital sobre fotografía. Gustavo Thomas © 2012)



Uno:

Sueño con una vejez de pies que son fuertes y una voz tranquila,
donde mis dedos señalen la fuente de las cosas
donde no deba explicar a nadie ni mis pensamientos ni mis ideas
y mis temblores sean de alegría de ver los míos con sus caras locas.

Desnudas, las memorias cesarán...



Dos:

Deseo ver en esos tiempos algunas de mis obras realizadas
por gente que ría de obrarlas y también de transformarlas
con niños que sueñen con lo que fue mi vida
y crean al verme andando que soy un fantasma o un motivo de su risa.

Poco entrará a la boca, la sed permanecerá...



Tres:

Quiero saborear las arrugas viéndolas crecer frente al espejo,
tocar mis cabellos grises, sentirme sabio y pulir mi aliento;
disfrazado entrar a un teatro, en concentración entregarme todo,
vivir un personaje y bailar con él como si me disolviera con el viento.

Varias serán las muertes...



Cuatro:

Espero que mis pasos sean suaves y parezcan ante todo andar lento
así me escaparé solo para pasear por un río o por un cielo,
que mis palabras adormezcan a quienes crean estar por mí atentos
visitaré hermanos que no conozco para darles un beso en el silencio.


No oiré ya nada, todo será el final.


(Gustavo Thomas © 2013)

Saturday, July 12, 2014

Hace tanto

(Tres flores. Dibujo digital. Gustavo Thomas © 2012)




Hace tanto que no veo tus senos
descubiertos cuando amanece, 
ni tu sonrisa al verme 
y esos ojos volviéndose a cerrar.

He perdido tu olor, o lo confundo, 
pero no tu sonido que gime, 
ni tus manos que tocan, 
y esos labios calientes que me reciben.

Los tengo aquí…

No eres ya quien camina a mi lado, 
ni quien suda cuando eyaculo cansado.

¡No eres ya, mujer, 
aquella que recibe mi abrazo! 


¡No te tengo aquí!

Algo también sé que de ti extraño: 
son tus nalgas, tus pies tan fríos 
y tu cabello tan largo.






(Gustavo Thomas © 2011) 

Saturday, July 5, 2014

Callado




Sé que tus palabras eran suaves, pero no logro comprender ya ninguna, 
no las oigo más. 

Solo escucho aquello que los otros hablaron de ti. 

Frases que te mitificaron y te hicieron etéreo. 

Eres ahora foto retocada de una cara, joven amable en algunos de mis sueños, chamarra vieja ya perdida, fervientes oraciones de niño, una tumba fría con flores e incienso. 

Eres lágrimas de la misma madre que compartimos. 

Quisiera tener cerca tu cuerpo y sentir tu mano, darnos un abrazo, escucharte claro, sentir un beso de hermano. Pero no puedo.

¿Qué habría sido de ti si hubieras continuado viviendo?

... Quizá es mejor que estés bien muerto, 
porque no me piensas ni me hablas, ni me juzgas ni me rechazas. 

Eres solo ese adolescente callado e inmóvil, esa foto colgada de un muro con maquillaje de tinta espesa, ese mi sueño de niño, esa tumba a la que nuestra madre llena de culpa y duelo le reza con las palmas al cielo. 

Eres aún, como lo ves ahora, parte importante de mis plegarias que oculto al mundo.

Tu silencio me ama, Federico, 
porque ese silencio que me deja soñar contigo me permite vivir tranquilo,
no me habla incisivo de lo distinto y nuevo de mis deseos.



(Gustavo Thomas © 2014)